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El Castro de Borneiro y el Dolmen de Dombate

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Los castros y los dólmenes son símbolos antiquísimos que han conformado la identidad y la historia gallega. Por ello, creo que no se debe pasar por la Costa da Morte sin visitar dos de los monumentos megalíticos más importantes de Galicia y descubrir muchas cosas interesantes sobre nuestro pasado.

Visitar un castro siempre tiene algo de emotivo porque nos transporta directamente al pasado celta, tan importante en la cultura gallega y que la relaciona directamente con lugares como la Bretaña francesa, Escocia o Irlanda. Siempre me ha llamado la atención las similitudes geográficas o paisajísticas que existen entre estas zonas tan alejadas.

El Castro de Borneiro es muy accesible y en la misma carretera hay un aparcamiento. Desde allí sólo hay que caminas unos 300 metros para llegar. Es conocido como A Cidá o A Cibdá, es decir, la ciudad y es especialmente importante porque es uno de los pocos que (dicen) nunca estuvo ocupado por los romanos.

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Se trata de un castro grande, que cuenta con unas cuarenta casas rodeadas por un foso y dos murallas defensivas para protegerse de los ataques enemigos. Se encuentra situado en una zona alta, en medio del bosque, y estuvo habitado entre el siglo III a.C y el II d.C.

La visita es libre, ni siquiera se trata de un recinto cerrado, y aunque hay algunos carteles explicativos, es cierto que se echa en falta algo más de información. Pero, eso sí, el entorno es maravilloso y desde el punto de vista histórico, se trata de un lugar excepcional. Además, hay varias rutas de senderismo señalizadas, que sirven para aunar de forma natural la visita cultural con un paseo campestre.

Una de las rutas más largas (10 kilómetros) es circular y te lleva al Dolmen de Dombate y a otros puntos de interés.Si no te apetece ir caminando, se puede llegar al dolmen fácilmente con el coche, se encuentra a unos 2 kilómetros.

ruta borneiro dombate

Las leyendas cuentan que bajo los dólmenes hay fabulosos tesoros enterrados, así que imagina lo que vas a ver si visitas el Dolmen de Dombate, que ha merecido el título de “la catedral del neolítico gallego”.

Si has estado en Galicia, lo más probable es que ya hayas visto alguno, pero para aquellos que no lo saben, un dolmen es un tipo de monumento funerario del Neolítico. Para que nos hagamos una idea, se cree que las partes más antiguas del de Dombate son del año 4.000 a.C. Los dólmenes están formados por enormes losas de piedra verticales, que sostienen otra losa horizontal, como si fuese un techo. Suelen ser tumbas colectivas y además de la importancia que tienen por sí mismos y por petroglifos y pinuras, en ellos se han encontrado también objetos interesantes, como puntas de cuarzo, cerámicas o figuras antropomorfas.

Si tenemos en cuenta que cada una de esas losas puede llegar a pesar hasta 100 toneladas, está claro que la construcción de un dolmen suponía una obra titánica en la que participaban cientos de personas y que se puede considerar como los inicios de la arquitectura.

El Dolmen de Dombate tiene un túmulo de 24 metros de diámetro y 1,8 metros de altura y está cerrado por siete losas verticales. Todas las losas presentan grabados y pinturas con motivos geométricos. Las investigaciones apuntan a que se utilizó óxido de hierro para los tonos rojizos y carbón vegetal para los negros.

Tras muchas idas y venidas que no conozco en detalle, en el Dolmen de Dombate se construyó un centro de interpretación y un edificio para proteger el monumento de su degradación. Personalmente, habiendo visitado muchos dólmenes situados en plena naturaleza, me resulta extraño verlo dentro de un edificio que, en mi opinión, le quita cierto protagonismo. Vamos, que me parece más impresionante verlo entre árboles, pero sí es cierto que la explicación y las visitas guiadas (¡gratuitas y muy buenas!) son muy interesantes. Para mí lo ideal es visitar este primero para entender algo y luego visitar alguno al aire libre, como el de Pedra da Arca que está a sólo quinientos metros del Camping Sisargas.

 

Estas dos maravillas megalíticas se encuentran a menos de 25 kilómetros del Camping Sisargas y a poca distancia el uno del otro, por lo que son una buena excursión para pasar una mañana o una tarde. Recomendamos ir en coche, ya que las conexiones en transporte público pueden ser difíciles. Además, la excursión se puede complementar estupendamente con una visita a Laxe, a tan sólo unos diez kilómetros, ya sea para comer o relajarse en sus bonitas playas. Un plan perfecto, para niños y adultos.

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